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El futuro de la literatura tras la partida de Idea y Benedetti

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A fines de abril murió Idea Vilariño y dos semanas después, Mario Benedetti. Ambos, junto al también fallecido Juan Carlos Onetti, pertenecieron a la prolífera generación del ‘45. ¿Existe o no un “hueco” generacional entre estos escritores y la expresión de los actuales? Wilfredo Penco, ensayista y crítico literario; Fernando Butazzoni, escritor y ensayista y Mauricio Rosencof, escritor y periodista, opinan sobre el tema.



Mario Benedetti. Idea Vilariño. Juan Carlos Onetti.

“La del ‘45 fue una generación longeva cuya mayor presencia fundamentalmente se puso de manifiesto sobre mediados del siglo pasado, abarcó toda la segunda mitad del siglo XX y los primeros años de este nuevo siglo. Aún quedan sobrevivientes como Amanda Berenger, Carlos Brandi, Orfila Bardesio e Ida Vitale, algunas figuras más relevantes de esa generación, aunque la mayoría falleció”, sostuvo Penco. Consideró que las desapariciones de Vilariño y Benedetti “son una muestra de ese cierre, esa clausura de toda una época y de toda una visión del país y de la cultura que ellos expresaron. Después de esa generación hubo quienes continuaron en una misma línea y quienes también adoptaron inflexiones diferentes en los caminos literarios”.

-Todos estos acontecimientos acompasan los tiempos y es lógico que así sea porque la literatura es siempre viva y eterna. Pero los cambios de las épocas inciden en el accionar del ser humano y la sensibilidad es posible que tome diversas formas y se manifieste de otra manera. Obviamente las vivencias de las mejores épocas de Benedetti y de Idea y de aquella generación del ’45 no son las mismas ante los ojos de un escritor actual con sentimientos auténticos pero a la vez heterogéneos.

-Efectivamente; no sólo desde el punto de vista creativo y crítico, sino de la propia obra que ellos produjeron y que se leyó de determinada manera mientras vivieron, seguramente en el presente y en el futuro tendrá nuevas lecturas, nuevas formas de entenderla y nuevas formas de profundizar en sus obras. Eso nos da cuenta de la perdurabilidad de esa literatura.

-Siempre que una figura relevante fallece -en este caso de la literatura- se produce el fenómeno del “sacudón” a la memoria y de inmediato el público vuelve a los cuentos, ensayos, recuerda poesías o lee al autor por primera vez.

-Naturalmente que cuanto más lectores tenga una obra mayores perspectivas pueden abrirse y eso posiblemente redunde en consecuencias positivas para el entendimiento o la comprensión de una literatura con un carácter más general.

-¿Qué género de la literatura es el más frecuentado por los escritores actuales y en especial qué sucede con la poesía que alimentó el espíritu de tantas generaciones? ¿Evoluciona o se diluye en el tiempo?

-Todos los géneros se siguen frecuentando tanto en la lectura como en la propia producción. Simplemente existen autores y obras que llegan más que otros a un público más amplio. Y eso ocurrió siempre.

-¿Las generaciones actuales de escritores nacionales cómo nos proyectan más allá de nuestra frontera?

-Evidentemente luego de Mario Benedetti no ha habido -por ahora- otro autor que haya alcanzado la misma popularidad y repercusión internacional que él. Pero hay autores con gran reconocimiento internacional que se leen como Marosa di Giorgio, Mario Levrero. Incluso se editan no sólo en Buenos Aires sino en España y se traducen a otras lenguas. Esto pone de manifiesto que generaciones posteriores a la del ‘45 han seguido produciendo autores y obras que tienen incidencia no sólo en el ámbito local sino fuera de fronteras.

-El 1° de julio se cumple el centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti y se preparan homenajes a él y su obra conjuntamente con exhibiciones de documentos fílmicos sobre el autor, más dos películas: “El infierno tan temido”, basada en el relato original de Onetti y la adaptación de “El astillero”. El homenaje se extiende también a las figuras de Benedetti y Vilariño.

-Onetti es una figura mayor y anterior a la generación del ’45 y sin embargo su obra, que no alcanzó la popularidad de la Benedetti, está considerada como maestra prácticamente por la mayoría de la Academia. Benedetti llevó a los medios audiovisuales algunas de sus novelas como “La tregua” -en particular- y la musicalización de sus poemas. Realmente fueron clave en su popularidad al poder acceder a sectores más amplios.

mauricio rosencof

“El que tenga una canción que cantar, la canta, esté donde esté. Lo hará sea como sea. Es un principio para todos los tiempos. Homero recorría los pueblos helénicos entonando los cantos de la Ilíada y su salario era un cordero. Es como la plástica. ¿Cuánto tiempo les llevó a los artistas plásticos de la cueva de Altamira para dejarnos ese poema en piedra? La primera ley del escritor es escribir. Faulkner trabajaba de fogonero en un barco y en los ratos libres apoyaba el papel en la pala y ahí dale que va. Acá tenemos un mundo editorial importante con decenas y decenas de ediciones de autores nacionales. Para los que comienzan, están los concursos, que los hay y muchos. Lo que no quiere decir que el oficio, que es duro, los obligue a andar, como anduvo uno, con el manuscrito de una obra de teatro bajo el brazo, como quien quiere colocar un producto que la mayoría de las veces no coloca. Nunca tendrá el escritor situaciones fáciles. Por más leyes y ayudas que surjan, el capital de la producción lo lleva cada cual. Esa es la ley. Lo demás, comentario”.

No hay herederos para padres de la literatura

“No creo mucho en la existencia real de las generaciones. No creo nada, mejor dicho. Después de todo la Generación del ‘45 fue un artefacto clasificatorio para mayor comodidad de los críticos y estudiosos. Pero sí, las leyes naturales hacen que los escritores más veteranos se hayan ido muriendo. Y si hay una sensación de “hueco” es porque de verdad hay un agujero”, afirma el escritor Fernando Butazzoni.

“Tampoco creo que haya ‘herederos’ para los padres literarios de una nación. No los hubo para Zorrilla, ni para Acevedo Díaz, ni para Quiroga. No los hubo para Onetti. No los habrá para Benedetti. Eso no es malo ni bueno, simplemente es así. Lo que pasa es que ahora, en el siglo XXI, la literatura es un fenómeno social muy distinto de lo que era hace cuarenta, cincuenta, cien años. Un escritor hoy es alguien muy distinto, socialmente hablando, de lo que era un escritor a mediados del siglo XX. Hay una noción de autoridad que se ha perdido para siempre. Además, en un mundo saturado de lenguajes, hay como una redundancia en el acto mismo de crear un lenguaje propio. Es una contradictio con la que tenemos que cargar los que escribimos”.

Butazzoni consideró que hay grandes escritores vivos en el Uruguay de hoy pero agrega que, como curiosidad, en general y salvo el caso de Eduardo Galeano -para su gusto el más original de los escritores latinoamericanos actuales-, “todos esos notables escritores (y escritoras) uruguayos son poco apreciados en nuestro país. Se los lee poco, que es la peor forma del desconocimiento”.

“Y por otra parte tenemos escritores y escritoras jóvenes que tienen talento y energía, que son creadores de primera fila. Ellos deberán encarar a su vez desafíos que hoy nosotros ni imaginamos. El mundo que les va a quedar no parece que vaya ser un mundo muy amigable para los escritores. En realidad no parece que vaya a ser amigable para nadie. Aunque eso también es un reto, y todo reto comporta una alegría, la de traspasar los límites y llegar a nuevos territorios. Es la porfía, ¿no? En fin, que va a estar bueno”, afirmó.

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